MADRE, MUJER, FLORECITA DE ALHELÍ

Columnistas 12 de mayo de 2024 Por Diario Actualidad
Por Socorro Barrantes Zurita

Un día especial para las MADRES, ¿qué nos hace especiales? ¿Qué alas nos permiten volar tan alto? ¿Qué perfume nos envuelve para ser tan distinguidas? ¿Qué rosa amaneció en el pecho que sangra el corazón? ¿Somos igual de seres humanos que los demás?  ¡SI!  Lo único de maravilloso que tenemos es haber llevado en nuestro vientre la vida hasta hoy, qué dirá la ciencia más tarde, no lo sabemos.  Mientras, afirmo que la magnitud que nos vislumbran es el hecho de llevar al hijo o a la hija de la vida, en nuestros adentros profundos, en esa porción de mar donde vuelan gaviotas blancas y pececitos azules, dorados que alegran la estancia del niño.  Pero también es madre la que alberga a ese pececito en su solo corazón y lo adopta como el hijo de sus entrañas del alma. Igual de madre es y quizás más.

No somos esos seres perfectos que nos quieren hacer creer. Si hay madres que luchan por ese camino de perfección y casi lo logran, tal vez queriendo seguir el ejemplo de esa Virgen nutricia de Jesús de Nazareth.  Madres que luchan indesmayablemente por dar todo lo bueno a los hijos, a los nietos, a la amistad, a su prójimo, cosechando el cariño de todos ellos.  La bondad, la coherencia, la asertividad, siempre dan una aureola de luz y de amor.

Yo no soy madre de aquellas, siempre lo digo.   Cómo quedamos sin la luz del pecho materno, abrí las alas muy temprano. ¡Tengo las alas quebradas! Me abrí camino a codazos, caminé sin cansancio y entregué mi corazón sin detenerme a pensar a quien diablo entregaba mi cariño y… todos se fueron, como los amigos, los conocidos, los compañeros de partido de una izquierda soñadora, también se fueron las grandes mujeres que otrora me abrieron los brazos por seguir las luchas feministas y del pueblo.   También me hacen a un lado los escribidores.  Los líderes famosos, las lideresas del feminismo y la intelectualidad se olvidaron de la compañera y casi me quedé sola, sino fuese por mis tres maravillosos hijos que me acunan, que me abrazan, que me valoran por ser su madre, con todas mis deficiencias, mis pecados, mis caídas y golpes de los que versa Vallejo, con mis sueños y alas rotas a cuestas, con todo eso, recibo su cariño como agua bendita que humedece mi alma reseca de tantos desvaríos.  Hubiese querido ser la madre inteligente, cocinadora de exquisiteces y no quemar las lentejas por estar metida en la computadora, mi compañera de noche y día, dejando que mis pobres ollas sufran la quemazón del infierno.  Hubiese querido ser la madre alegre, comprensiva, asertadora de consejos oportunos, de brazos calentitos para amarlos; la amiga fecunda, maná del cielo, sólo llegué a ser esta madre sola que bracea en un mar incontenible de tiempo.  Por todo ello les pido perdón a los hijos entrañables y buenos que Dios y la Vida me dieron.  Ellos son mis maestros para seguir viviendo y tratan de entender mi rara forma de ser y de existir.  Desde muy pequeña soñaba con tener “mis hijitos”.  El vestido de novia feliz, quedó colgado en las nubes y con todas mis fuerzas me aventuré a ser madre soltera y fue el mayor acierto de mi vida.  Cada uno de mis tres, me dan una determinada felicidad y aunque me dicen que siempre estoy pensando en lo malo que suceda, saben que soy feliz con ellos.  No siendo una cálida mujer, nada carismática y sin aureola de santa, escribo tonterías, cojudeces no lo sé, pero es la forma en que a ellos les expreso mi amor de loca madre; escribiendo puedo decir en mi mudes, en mi tristeza, en mi soledad, los sentires de mi pellejo y de mi alma.  Igual escribo para los hijos de mis hijos, que no hallaron en mí, esa abuela fecunda, maravillosa, encantadora que son todas las abuelas y me huyen, confirmando que toda regla tiene sus excepciones.  Escribo para expresar mis alborotados pensamientos, mis sentires diversos por la Patria, por el pueblo, por la gente que sufre, por los muertos que se van, por la historia que no fue, por la naturaleza que ve derrumbarse sus recursos, por los nuevos sueños que deben ser, por mi tierra, por cualquier ilusión o pena que se me atraviesa.

Como madre, solo me queda agradecer a mis hijos la ternura de sus corazones, fuentes de agüita dulce donde lavo mi ser madre.  Y a mi madre también le pido perdón por no haberla hecho feliz como hija.  La dejamos partir sin devolverle tantísimo amor que cada día nos dio. ¡Mamita gracias!  por haber sido la bendita mujer que nos dio la vida, para conocerla y gozar este trozo de universo en el que nos permitiste, junto a nuestro padre, nacer. 

 

“LA VIDA SIGUE SIENDO BELLA, A PESAR DE TODO”

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